Capitalismo y soberanía del individuo Por Ludwig von Mises

Capitalismo y soberanía del individuo

Por Ludwig von Mises


Ludwig Von Mises

A finales de los años cincuenta, Ludwig von Mises pronunció un ciclo de conferencias en Buenos Aires. En la sencillez y la fuerza pedagógica de aquellos textos se resume y concentra todo su pensamiento. Compilados por su viuda a la muerte del gran economista, son hoy una lectura de base para quienes se interesan por la economía y la sociedad libres. En este pasaje, von Mises nos sintetiza las claves del capitalismo como único sistema económico que coloca al individuo, en tanto que consumidor, en el puesto de mando. Capitalismo equivale, sencillamente, a soberanía directa de las personas.

En una economía de mercado, el individuo es libre de escoger cualquier carrera que desee, así como su propio modo de integrarse en el conjunto de la sociedad. En un régimen socialista, por el contrario, las cosas no son así: la carrera de cada uno viene establecida por decreto, y el Estado puede ordenar a algunos ciudadanos (aquellas personas que no le resultan confiables) que se trasladen a vivir y trabajar en otras regiones. El Estado siempre tiene argumentos para justificar tales órdenes, declarando que sus altos planes “necesitan” de la participación del eminente ciudadano fulano a miles de kilómetros de distancia del lugar donde, de hecho, el poder político prefiere no tenerle.

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El libre mercado Por Murray Rothbard

El libre mercado Por Murray Rothbard

 

En este conocido artículo, Murray Rothbard presenta una explicación sencilla del funcionamiento del mercado, esencial para comprender el alcance de la libertad económica como ingrediente imprescindible de las demás libertades.

El libre mercado es un término que resume una infinidad de intercambios que se dan en la sociedad. Cada intercambio es realizado voluntariamente entre dos personas o entre dos grupos de personas representados por sus agentes. Estas dos personas (o sus agentes) intercambian dos bienes económicos, ya sean bienes tangibles o servicios intangibles. Así, cuando compro un periódico a un canillita por 50 centavos, el canillita y yo intercambiamos dos artículos de comercio: Entrego 50 centavos y el canillita me entrega el periódico. O si trabajara en una empresa, entonces intercambio mis servicios laborales, en un contrato de mutuo acuerdo, por un salario monetario; en este caso la empresa esta representada por el gerente (un agente) con autoridad para contratar.

Ambas partes realizan el intercambio por que esperan beneficiarse de él. También, cada parte volverá a realizar el intercambio (o quizás no lo haga) por que su expectativa ha resultado correcta (o incorrecta) en las ocasiones anteriores. El comercio, o intercambio, se realiza por que ambas partes se benefician; si no esperarían beneficiarse, entonces no realizarían el intercambio.

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La falacia de los bienes públicos y la producción de seguridad

por Larry

La justificación de la institución del estado se basa en varias falacias, que la mayoría de la gente y de los filósofos de la política han aceptado como dogmas (muy convenientes) a través de los tiempos. Los pensadores anarcocapitalistas han destruído estas falacias paralelamente, una y otra vez.

Una de las más importantes es la supuesta existencia un tipo de bienes, los llamados bienes públicos, los cuales no pueden ser proporcionados de manera efectiva por el sector privado. La seguridad viene a ser entonces el bien público por excelencia, un producto que todos desean, pero que no sería producido en suficientes cantidades en el mercado libre. Por esta razón, nos dicen los apologistas del estado, se debe instituir un gobierno que proporcione la tan preciada seguridad.

¿Es cierto que la seguridad no puede ser producida y comercializada como todos los demás bienes? El filósofo y economista anarcocapitalista Hans-Hermann Hoppe despacha de manera definitiva las falacias tras el mito de lo bienes públicos en Falacias de la teoría de los bienes públicos y la producción de seguridad (traducción de Jorg Valín), mostrando como la idea de los bienes públicos es defectuosa, plagada de razonamientos rimbombantes, incoherencias internas y falsas conclusiones, apela a los prejuicios populares y a las creencias aceptadas y se sirve de ellas, pero no posee ningún mérito científico.

Hoppe muestra que la distinción entre bienes públicos y privados es, en el mejor de los casos, una distinción completamente arbitraria, pues determinados bienes pueden ser considerados como públicos o privados dependiendo de las preferencias individuales, manifestadas al actuar. Pero aun en el caso en que tal distinción pudiese ser establecida objetivamente, eso no implicaría que el estado deba producir y distribuir los llamados bienes públicos. Hoppe argumenta

En primer lugar, para llegar a la conclusión de que el estado debe proveer bienes públicos que de otro modo no se producirían es preciso introducir una norma de contrabando en la cadena de razonamientos, porque si no, partiendo de la afirmación de que algunos bienes, por ciertas características especiales que poseen, no serían producidos, no podría inferirse jamás que deberían serlo

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Ayn Rand y los parasitos

“Cuando vean que para producir necesitan obtener la aprobación de quienes no producen nada; cuando vean que el dinero fluye a quienes comercian no en bienes sino en favores; cuando vean que los hombres se hacen más ricos a través de la estafa que del trabajo, y sus leyes no los protegen de ellos, pero los protegen a ellos de ustedes; cuando vean que la corrupción es recompensada y la honestidad se convierte en un sacrificio personal; sabrán que su sociedad está condenada”

Ayn Rand 

El negocio del Estado

Si consideramos al Estado como un negocio, no hay duda que es un negocio redondo. Para empezar, es el monopolio perfecto, basado en la coacción legalizada, con poder para meterte en la cárcel si te pasas de listo y tratas de ser un cliente difícil, es decir, de actuar como actuarías ante un negocio privado.

El Estado no te cobrará según la utilización de sus servicios monopólicos, sea que funcionen o no. Te cobrará las cantidades que crea oportunas sin que sepas exactamente por qué. Tampoco sabrás cómo se gastan esos dólares que pagas con tanto gusto por aquello de la solidaridad. Claro que si eres un economista o financista, y puedes dedicar unas tres o cuatro horas diarias a seguirle la pista al gasto público, y tienes alguna conexión dentro del Ministerio de Economía, tal vez logres enterarte, al menos parcialmente, de cómo se gastan tus malditos dólares.

Cuando llegamos al capítulo de los servicios que te presta el negocio, hay algunos cínicos que preguntan : ¿qué servicios? Insisten en que no ven ninguno, o mejor dicho, ven algo, más bien poco y malo. Pero claro, ¿qué se puede hacer con un 40% o 45% del producto nacional? Si queremos servicios de calidad, habrá que dedicar al negocio no menos del 60%.No olviden que lo bueno cuesta.

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Lo que los bancos centrales no quieren que usted sepa

 

Lo que los bancos centrales no quieren que usted sepa

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por Charles Philbrook

Charles Philbrook es Director de Estudios Económicos, Datum Internacional, S.A.

A principios de junio, el proyecto de ley HR 1207 del congresista republicano por Texas Ron Paul, por el cual se busca auditar los libros contables de la Reserva Federal, logró reunir las firmas de otros 218 congresistas (“co-patrocinadores”), que como mínimo se requiere para que el mismo pueda ser debatido y sometido a votación ante el Pleno del Congreso. ¿Informó de esto el Wall Street Journal, el Financial Times, El País o el insalvablemente radicalizado Le Monde? ¿Están al tanto de que este proyecto, de pasar, en ambas cámaras, puede cambiar el curso de la historia económica de los EE.UU. y, por extensión, del mundo?

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LOS DERECHOS NATURALES DE LAS PERSONAS

Breves fragmentos a propósito del concepto de derechos naturales parte de la tesina que presentó Juan Fernando Carpio como candidato a magister en economia empresarial por la UFM de Guatemala.Los derechos naturales

Si se quisiera resumir el concepto de derechos naturales en una sola frase, esta sin duda sería el antiguo dictum del legislador Ulpiano: “A cada uno lo suyo”. El addendum indispensable, que define sus formas de violación sería entonces “y no lo de los demás”. ¿Cómo se puede asegurar que a una persona le corresponde algo por derecho, que es suyo y que por ende debe tener control excluviso sobre aquello? El filósofo John Locke nos presenta tres medios para la adquisición de bienes materiales en forma de propiedad privada:

  • 1.- Apropiación original: un recurso sin dueño ni huellas de actividad humana, puede ser apropiado por un individuo.
  • 2.- Producción: la combinación de recursos disponibles para crear un bien distinto
  • 3.- Intercambio: intercambiar bienes por otros bienes, o legarlos a otra persona.Cualquier forma de adquirir bienes que no se enmarque en esta clasificación, debe ser considerada una forma de expoliación (robo). La justificación imperiosa para la propiedad privada puede ser hallada en “A Theory of Socialism and Capitalism” del prof. Hans Hermann-Hoppe, Cap. 1,2. Baste mencionar que es un tema inevitable en sociedades que pretendan a) minimizar los conflictos, b) mantener una división del trabajo altamente compleja y un nivel de vida elevado según términos contemporáneos, y c) reconocer la realidad de la escasez frente a las infinitas necesidades humanas y economizar en consecuencia. Adicionalmente, es necesario señalar que cualquier intento de esbozar un sistema ético funcional y que minimice el conflicto y armonice intereses, debe ser universalizable: debe poder aplicarse en cualquier lugar o época, a cualquier individuo dadas las mismas condiciones.

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