La falacia de los bienes públicos y la producción de seguridad

por Larry

La justificación de la institución del estado se basa en varias falacias, que la mayoría de la gente y de los filósofos de la política han aceptado como dogmas (muy convenientes) a través de los tiempos. Los pensadores anarcocapitalistas han destruído estas falacias paralelamente, una y otra vez.

Una de las más importantes es la supuesta existencia un tipo de bienes, los llamados bienes públicos, los cuales no pueden ser proporcionados de manera efectiva por el sector privado. La seguridad viene a ser entonces el bien público por excelencia, un producto que todos desean, pero que no sería producido en suficientes cantidades en el mercado libre. Por esta razón, nos dicen los apologistas del estado, se debe instituir un gobierno que proporcione la tan preciada seguridad.

¿Es cierto que la seguridad no puede ser producida y comercializada como todos los demás bienes? El filósofo y economista anarcocapitalista Hans-Hermann Hoppe despacha de manera definitiva las falacias tras el mito de lo bienes públicos en Falacias de la teoría de los bienes públicos y la producción de seguridad (traducción de Jorg Valín), mostrando como la idea de los bienes públicos es defectuosa, plagada de razonamientos rimbombantes, incoherencias internas y falsas conclusiones, apela a los prejuicios populares y a las creencias aceptadas y se sirve de ellas, pero no posee ningún mérito científico.

Hoppe muestra que la distinción entre bienes públicos y privados es, en el mejor de los casos, una distinción completamente arbitraria, pues determinados bienes pueden ser considerados como públicos o privados dependiendo de las preferencias individuales, manifestadas al actuar. Pero aun en el caso en que tal distinción pudiese ser establecida objetivamente, eso no implicaría que el estado deba producir y distribuir los llamados bienes públicos. Hoppe argumenta

En primer lugar, para llegar a la conclusión de que el estado debe proveer bienes públicos que de otro modo no se producirían es preciso introducir una norma de contrabando en la cadena de razonamientos, porque si no, partiendo de la afirmación de que algunos bienes, por ciertas características especiales que poseen, no serían producidos, no podría inferirse jamás que deberían serlo

Tal cosa implicaría imponer un juicio ético de valor en una cuestión enteramente económica, lo cual implica a su vez el abandono de la economía como ciencia objetiva y el salto hacia el campo de la ética. Pero, después de todo, podríamos preguntarnos ¿Qué derecho tienen los economistas para imponernos sus propios juicios éticos? Ciertamente ninguno.

Hoppe concluye de manera taxativa

La fuerza del razonamiento lógico, pues, nos lleva a aceptar la conclusión de Molinari de que, para beneficio de los consumidores, todos los bienes y servicios deben ser producidos por los mercados[21]. Es falso que haya categorías de bienes claramente diferenciables cuya existencia haría necesaria una corrección especial a la tesis general sobre la superioridad económica del capitalismo; aun si existieran, no sería posible encontrar una razón específica por la cual esos bienes públicos, supuestamente especiales, no deberían ser producidos por empresas privadas, puesto que invariablemente entran en competencia con los bienes privados.

Para luego pasar al análisis del posible mercado de la produccion de seguridad, en donde empresas privadas compitan entre sí para ganarse el favor de los consumidores:

En primer lugar, siempre que haya un sistema competitivo, es decir, siempre que los productores de servicios de seguridad dependan de las adquisiciones voluntarias (que en su gran mayoría tomarán la forma de contratos de servicio y seguro, concertados antes de que se produzca efectivamente un acto de agresión o que se manifieste una inseguridad), ningún productor podrá aumentar sus ingresos sin mejorar sus servicios o la calidad de su producto según la evaluación de los consumidores. Además, todos los productores de seguridad tomados en su conjunto no podrían afirmar la importancia de su industria particular a menos que, por cualquier razón, los consumidores empezaran a valorar la seguridad más que otros bienes, con lo cual asegurarían que la producción de seguridad no se llevaría a cabo nunca y en ningún lugar a expensas de la no producción (o de la producción reducida) de, por ejemplo, queso, como bien privado competitivo. Por añadidura, los productores de servicios de seguridad deberían diversificar sus ofrecimientos en un grado considerable, porque la demanda de sus productos por parte de millones de consumidores es muy variada. Como dependerían directamente del apoyo de éstos, si no respondieran del modo adecuado a sus necesidades, o a los cambios en esas necesidades, sufrirían inmediatamente un perjuicio financiero. Por lo tanto, cada consumidor ejercería una influencia directa, aunque pequeña, sobre la aparición o desaparición de productos en el mercado de la seguridad. Esto ofrecería un sinnúmero de servicios a cada uno, en lugar del “paquete de seguridad” uniforme que brinda el estado. Y esos servicios estarían adaptados a los distintos requerimientos de seguridad de los diferentes consumidores, según sus ocupaciones, su conducta más o menos arriesgada, sus necesidades de protección y seguros, y también sus circunstancias geográficas y la urgencia que manifiesten.

Ante el argumento que la desaparición del poder del estado causaría el caos y la dstrucción del orden social, Hoppe replica que la evidencia histórica no concuerda en absoluto con esta impresión y menciona varios ejemplos de sociedades en las cuales los sistemas de justicia eran privados y competitivos (La antigua Irlanda, durante la época de la Liga Hanseática o el caso del “viejo oeste” estadounidense del siglo XIX). Además de eso, se debe tomar en cuanta que la estructura de incentivos que surge de un mercado libre es enteramente diferente a la de un sistema monopólico (estatal).

Para entender esta paradoja es preciso considerar más a fondo la única cuestión típica que preocupa a los escépticos y los lleva a creer en la superioridad de un sistema monopólico de producción de seguridad: cuando surge un conflicto entre A y B, ambos están asegurados por compañías diferentes y éstas no pueden llegar a un acuerdo inmediato sobre la validez de las demandas opuestas que plantean sus respectivos clientes. (El problema no existiría si se alcanzara el acuerdo o si ambos clientes fueran asegurados por la misma compañía; por lo menos, esto no diferiría en absoluto de la situación emergente en condiciones de monopolio estatal.) ¿Una situación semejante tendría siempre un desenlace violento? Es muy improbable que así sea. Primero, cualquier lucha violenta entre empresas conllevaría un costo y un riesgo muy altos, sobre todo si han alcanzado un prestigio considerable (como deberían tenerlo para que sus futuros clientes puedan verlas en primer lugar como garantes efectivas de su seguridad). Lo que es más importante, en un sistema competitivo, los costos de cualquier conflicto entre compañías que dependen de la continuación de los pagos voluntarios de los consumidores tendrían que recaer forzosamente sobre todos y cada uno de los clientes de ambas. Bastaría que una sola persona dejara de pagar porque no está convencida de la necesidad de una confrontación violenta en el caso particular de que se trata para que hubiese una inmediata presión económica sobre la compañía que la obligaría a buscar una solución pacífica al conflicto.

Debo decir este fue el artículo que me convenció definitivamente de la validez y viabilidad de la propuesta anarcocapitalista. La argumentación de Hoppe es, a mi modo de ver, lógicamente consistente y elegante, por lo que hace un trabajo excelente al desenmarañar y refutar las falacias ampliamente consideradas como “sentido común” por el status quo y que sirven de basamento a la justificación de la necesidad de la institución del estado. Recomiendo altamente su lectura a los lectores interesados en la practicable teoría del anarcocapitalismo (luego de lo cual deberían leer la La ética de la libertad de Murray Rothbard, si quieren ahondar más en el tema).

http://liberal-venezolano.net/2006/02/10/falacia_bienes_publicos_seguridad

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s